¿Te duele la rodilla incluso al hacer cosas sencillas?
Empiezas el día como de costumbre, pero, tras unos minutos caminando, ese dolor vuelve a aparecer.
Subir escaleras ya no parece tan fácil. Levantarte del sofá te cuesta más esfuerzo que antes.
Poco a poco, empiezas a evitar ciertas actividades. No porque quieras, sino porque tu cuerpo ya no responde igual que antes.